7.16.2008

La casa de los leones

Recuerdo las veces en las que constantemente recorríamos la carretera con mi padre. Recuerdo que practicaba mi manía de espía en los autos mientras observaba por la ventana para encontrar cualquier objeto que me sacará de mi aburrimiento. Alguna luz, algún animal, alguna figura extraña en el cielo estrellado , alguna nube extraordinaria, algo. Pero no encontraba nada más que arboles y arboles ,uno tras otro ; y mi reflejo pueril en el cristal del auto. No había nada.

Recuerdo cierto atardecer en el que regresábamos de la ciudad, era verano y había un sol medio muerto. Mi hermana estaba dormida , mis padres discutiendo algo incomprensible, y yo en el coche buscando como siempre por la ventana, pensando que iba a ser un trayecto usual, pensando que sería trayecto más para esconder bajo capas de memoria formadasde situaciones más especiales. Pero que equivocado estaba, pues iba a ver algo que cambiaría para siempre el camino, iba a escuchar algo que me marcaría y que marcaría la entrada a mi ciudad para siempre. Ese día mi padre señaló una casa en las afueras de la ciudad y le dijo a mi madre que tenían unas bestias ahí. Fue el día en el que supe de los leones encerrados.

Esa casa era producto de mínimo unos 50 años atrás (parecía una parte de lo que fuese una hacienda), estaba construida en forma de U, era de adobe con teja roja, tenía un patio grande y una barda de no más de 1.5m de altura; o al menos así se veía desde la ventana del auto. Y supuestamente en esa casa había leones y las personas de ahí las tenían de mascotas.

Yo me asome por la ventana asombrado de aquel decreto de mi padre, y me convencí inocentemente de que iba a ver un león caminando por el patio. Simplemente no lo podía creer: leones en mi ciudad! Y en una casa! De mascota! Así que me fasciné y le pedí a mi papa que fuéramos ahí a verlos; él estaba emocionado con la idea, pero ya era tarde de acuerdo con mi madre, y no fuimos. Nunca fuimos. Siempre había deberes más importantes que hacer que ir a verlos.

Desde entonces empecé a fantasear con aquellos leones en la casa. Me intrigaba saber cómo les daban de comer; pues yo había visto en la televisión como perseguían a las cebras y las cazaban ( ¿será que sueltan a una cebra en el patio y los leones la persiguen?).Me intrigaba saber cómo los acariciaban y cómo podía vivir alguien ahí sin que se lo comieran ( pensé sinceramente que aquellos leones no mataban gente y que si me escapaba a verlos los podría acariciar!) . Me imaginaba su manera de dormir, de jugar, de vivir. Tenía creda mentalmente una rutina completa de las bestias y sus cuidadores, desde la mañana hasta la noche.

Desde aquel descubrimiento quisé ir de viaje frecuentemente para a su tiempo regresar y espiar la casa de los leones y coincidentemente verlos contoneándose por la casa. Sabía que solo era cuestión de tiempo para encontrarlos . Sabía que cenaban, entonces trataba de convencer a mis papas de regresar a ciertas horas para verlos cazando.Tenía la certeza de que los vería cuando entrara a la ciudad observando por mi ventana del auto. Estaba seguro que algún día los vería, y escucharía su rugir.

Hoy en día, años después, cada vez que regreso de la ciudad sigo con mi fantasía de encontrar a esos leones. Quisiera verlos para corroborar mi creencia que si eran amigables y que perseguían a una cebra para comer. Quiero verlos como yo lo esperaba en mi infancia, desde la ventana de mi coche. Pero no quiero ir a preguntar directamente a la granja. No quiero comprobar ni poner en dilema si fue verdad o mentira. No quiero saber si nada más fue una broma de mi padre para animarme, o si fue una ingenua fantasía de los dos. Me da miedo pensar que no existieron. Me da miedo saber la verdad. No sé porqué. Probablemente porque mi padre ya no está para acompañarme a ver y preguntar en la granja; o porque es lo único que me incita a seguir regresando a la ciudad.
A pesar de todo
al entrar a la ciudad todavía espío, desde mi ventana , aquella casa encogida para ver finalmente a los leones de mi infancia, a los leones de mi padre.