Sonó la alarma del despertador. No había dormido muy bien, la noche había pasado demasiado rápido para que el cuerpo pudiera descansar, una jugarreta del tiempo, quería quedarse en cama y no levantarse a hacer su vida diaria. Finalmente cesó ante la responsabilidad, se incorporó y se fue a bañar. Sacó lo usual, unos jeans, una playera, una chamarra ; porque es bien sabido que hace un frío gélido que se mete por los poros si no los cubres apropiadamente, y que puede llegar a matarte o a desfigurarte internamente. Se lavó el pelo, el cuerpo, la cara, cerró la llave, salió , sintió la brisa fría que se queda fuera del calor del agua ( lista para despertarte completamente), se secó, se rasuro y se vistió. Bajó a la cocina en busca de un panecillo con jalea y una buena taza de café con leche, el desayuno de todos los días que se ve completado unas horas mas tarde con unos alimentos mas preparados. Tomó las llaves, pensó en lo que tenía que hacer, y en lo que no había hecho. Salió de su casa.
De pronto sonó nuevamente la alarma. Otra vez el tiempo le había jugado mal, había ya pasado otro día de su vida y lo sintió como si fueran segundos.