11.19.2008

Coloso [cuento]

Un día apareció de la nada en el pueblo, y así como llegó desapareció un día sin dejar rastro alguno. Nadie sabe de donde vino, ni porque, ni quien era; pero ese día quedó marcado en la memoria de todos como “el día en que llegó el coloso”. No existe prueba científica de su existencia, pues en tan retirada villa las noticias llegaban como novelas ya después de meses de ocurridas, pero todos los que estuvimos ahí lo vimos y lo aprendimos a querer. Supusimos después de empezar a convivir con él, que era el último de su especie, pues según los libros de historia de la nación ya eran siglos que no se sabía de uno de ellos, además de que la tristeza que su gigante sombra acarreaba no podía deberse más que a cientos de lustros de soledad y dolor. Pensativo nos dio una alegría incomparable, pero dicha que con el paso del tiempo se nos contagió con una nostalgia que hasta hoy en día no podemos quitarnos. Salvó vidas, nos enseño a amar la naturaleza y la vida en sí, nos enseño la belleza de soñar, además de que nos quiso de la misma forma que todos nosotros. Nadie sabe que le pasó, ni a donde fue, ni si esta muerto o vivo. Es incierto. Aunque desde ese entonces, y cada vez que fue su llegada, una estrella brillante se muestra en el cielo; marcando el día e inundándonos de melancolía. Casi nadie sabe la historia, porque creo que de los que vivimos esos días quedamos muy pocos, si no es que soy el último. Pero sin duda, todos esperamos, y seguiremos aguardando hasta la muerte algún maravilloso día en el que nos visite nuevamente nuestro gran amigo el coloso.

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