Empezó a ver que las luces de la tierra debilmente se apagaban, una tras otra, con una vertiginosa rapidez. Ayer fue Europa, hoy America, y probablemente mañana Asia y lo restante del mundo. Contemplaba el paso del tiempo desde allá arriba preguntándose lo que sucedía allá abajo. Ninguna transmisión, ninguna noticia, toda la comunicación perdida abruptamente. Era un desastre en aquello llamado "civilización", pues pequeñas luces poblaban ahora, en lugar de destellantes brillos , las ciudades cosmopólitas contemporáneas y las naciones supuestamente invencibles. No se alcanzaba a distinguir más.
Tendría comida para un buen tiempo y electricidad ilimitada, así como oxígeno a montones; pero todo rastro de humanidad se acabaría con la falta de conversación. Quedaría c a merced del gélido silencio espacial solamente amparándose de su pensamiento , terminalmente traicionado por el tiempo.
Vivió mucho, aguantó demasiado tiempo la soledad, y sobrellevó la frustración durante meses; sino es que años, porque los días ya no le importaban más. Seguía viajando y viendo, preguntándose que había pasado.
Finalmente se quedó dormido mientras veía por última vez lo que conocía como tierra, escuchando el sonido del convertidor de aire (cuyas notas figuraban un siniestro arrullo de cuna) resignado a que su alma lentamente fuera absorbida por la negrura del cosmos a su alrededor. Por un breve instante pensó en los que quedaron y que no volvería a ver, pero dicho momento se desvaneció de la misma forma en que brotó de los últimos chispazos de conciencia. Continuó orbitando.
No supo. Era el fin del mundo. Y se habían olvidado de él.
1.12.2009
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